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jueves, 20 de septiembre de 2007

Los ciegos y el elefante





Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta, cuando llegaron numerosos ascetas de diferentes escuelas y tendencias filosóficas. Algunos decían:
- El mundo es eterno. Eso es lo cierto y todo lo demás es un engaño.
Otros aseguraban:
- El mundo no es eterno y esta es la única verdad.
Unos aseveraban que el mundo es infinito y otros que el mundo es finito. Unos, que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son dos realidades diferentes. Algunos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que carece de tal. Otros, que el Buda ni existe ni no existe tras la muerte. Y así cada uno de ellos sostenía sus puntos de vista, en la convicción de que los suyos eran los verdaderos y los demás los falsos. Así pasaban su tiempo en cerradas polémicas e incluso llegaban a la indignación y el insulto. Todo ello fue oído y visto por un grupo de monjes, que después le relataron al Bienaventurado lo sucedido. Buda comentó:
- Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos.
Érase una vez seis hombres sabios que vivían en una pequeña aldea.
Los seis sabios eran ciegos. Un día alguien llevó un elefante a la aldea. Los seis sabios buscaban la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían ver.
“Ya lo sé”, dijo uno de ellos. “¡Palpémoslo!”. “Buena idea”, dijeron los demás. “Ahora sabremos como es un elefante”. Así, los seis sabios fueron a “ver” al elefante.
El primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. “El elefante es como un gran abanico”, gritó el primer hombre.
El segundo tanteó las patas del elefante. “Es como un árbol”, exclamó.
“Ambos estáis equivocados”, dijo el tercer hombre. “El elefante es como una soga”. Éste le había examinado la cola.
Justamente entonces el cuarto hombre que examinaba los finos colmillos, habló: “El elefante es como una lanza”.
 “No, no”, gritó el quinto hombre. “Él es como un alto muro”, había estado palpando el costado del elefante.
El sexto hombre tenía cogida la trompa del elefante. “Estáis todos equivocados”, dijo. “El elefante es como una serpiente”.
“No, no, como una soga”.
“Serpiente”.
“Un muro”.
“Estáis equivocados”.
“Estoy en lo cierto”.
Los seis hombres se enzarzaron en una interminable discusión durante horas sin ponerse de acuerdo sobre cómo era el elefante.

Cuento tradicional zen

Mer

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Cristalizar ahora...




Por eso escuchadme bien: utilizad todos los años que todavía tenéis por delante para preparar vuestra próxima encarnación pidiendo las mejores cosas: de esta manera lanzáis proyectos que, en el futuro, cristalizarán.

La cristalización actual resiste y niega a ser cambiada, es normal: hasta que no se haya desgastado, no podrá ser reemplazada. Pero cuando volváis a la tierra, todo lo que hayáis creado de bueno se materializará en una nueva estructura, y esta estructura, a su vez, será tenaz, resistente, se opondrá a las fuerzas de la destrucción.

Os lo repito, el trabajo que hacemos ahora no puede aportar muchos cambios para esta encarnación, pero para la próxima, sí. Por eso, si todavía no veis los resultados de vuestros esfuerzos, no os desaniméis; en una próxima encarnación, cuando la forma actual haya desaparecido, veréis la nueva, aquélla sobre la que habéis trabajado, y estaréis asombrados ante su esplendor. 



Omraam Mikhaël Aïvanhov


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Mariposa...


El gran maestro taoísta Chuang Tzu, una vez soñó que era una mariposa que revoloteaba por todas partes.

En el sueño no tenía conciencia de su individualidad como persona. Era sólo una mariposa. 


De repente despertó, y se encontró tendido allí siendo una persona de nuevo. 

Pero al instante se preguntó, "¿Hace poco era un hombre que soñó que era una mariposa, o ahora soy una mariposa que sueña que es un hombre?".

Cuento Zen

Mer

lunes, 3 de septiembre de 2007

Libros...



Había una vez, un erudito filósofo bien conocido, que se ofrendó al estudio del Zen por muchos años.

El día que finalmente alcanzó la iluminación, sacó todos sus libros al jardín y los quemó.


Cuento Zen

Mer

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